Acta Structuralica

International Journal for Structuralist Research

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Tan lejos y tan cerca

Merleau-Ponty, entre forma y estructura

Mariana Larison

pp. 27-46

La noción de estructura atraviesa la obra de Maurice Merleau-Ponty, antes y después de que el método estructuralista sacuda, a mediados del siglo XX y de manera definitiva, el modo de entender las ciencias humanas. Desde su obra de fines de los años 30, La structure du comportement, hasta aquella bosquejada hacia el final de su vida, Le visible et l’invisible, la noción de estructura precede, acompaña y excede la noción, inicialmente saussuriana pero también jakobsiana y levi-straussiana de estructura que conformará el método hegemónico de las ciencias del hombre y, tan luego, del método que en cierto modo buscará su destrucción, esto es, del esbozado por el movimiento pos- estructuralista. Pero antes del momento destructivo o deconstructivo, una inmensa discusión generacional, conformada de diversas tradiciones y registros, anima el debate en torno a la noción de estructura en la Francia de los años ’50, y es dentro de este debate que el acercamiento merleau- pontiano a la noción y al método estructural deben ser comprendidos.
En este trabajo nos gustaría mostrar dos aspectos solidarios del pensamiento merleau-pontiano de la estructura que nos permiten comprender la relación singular que éste mantuvo con el llamado método estructural de las ciencias sociales. Por una lado, es necesario comprender, desde nuestro punto de vista, el mapa del debate en torno de la noción de estructura en el escenario francés de los años 1950, debate en el que se inscribe también Merleau-Ponty de manera original. Nuestra hipótesis en este sentido es que este debate se remonta a dos tradiciones diversas dentro del pensamiento francés: la de la sociología jurídica, de Spencer a Gurvitch pasando por los teóricos del derecho social, y la tradición lógico-matemática que redunda, finalmente, en una noción de estructura como la de Lévi-Strauss. En ese debate, Merleau-Ponty representa una posición única y original, que pocas a veces ha sido puesta de relieve y que implica una suerte de mediación concreta de ambas posiciones.
Por otro lado, nos gustaría poner de relieve aquí cómo tal noción de estructura se conforma, dentro de pensamiento y de la obra de Merleau-Ponty, a través de diversos desplazamientos de sentido, que van de la noción psicológica de Gestalt hasta su versión ontológica, pasando por su lectura intencional, por la noción de institución (saussuriana pero también husserliana) y que concluyen con una noción completamente singular de estructura y con una lectura también singular del estructuralismo saussuriano.

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Tan lejos y tan cerca Larison Mariana; Archiving of XML in sdvig press database Open Commons November 23, 2018, 3:38 pm

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1La noción de estructura atraviesa la obra de Maurice Merleau-Ponty, antes y después de que el método estructuralista sacudiera, a mediados del siglo XX y de manera definitiva, el modo de entender las ciencias humanas. Desde su obra de fines de los años 30, La structure du comportement, hasta aquella bosquejada en sus últimos años de vida, Le visible et l’invisible, la noción de Gestalt (en su doble significación de “forma” y “estructura”) precede, acom­paña y excede la noción de estructura, inicialmente saussuriana pero también jakobsiana y levi-straussiana que conformará el método hegemónico de las ciencias del hombre y, tan luego, del método que en cierto modo buscará su destrucción, esto es, del esbozado por el movimiento posestructuralista. Pero antes del momento destructivo o deconstructivo, una inmensa discusión generacional, conformada de diversas tradiciones y registros, anima el debate en torno a la noción de estructura en la Francia de los años 1950, y es dentro de este debate que el acercamiento merleau-pontiano a la noción y al método estructural deben ser comprendidos.

2En este trabajo nos gustaría mostrar dos aspectos solidarios del pensamiento merleau-pontiano de la estructura que nos permiten comprender la relación singular que éste mantuvo con el llamado método estructural de las ciencias sociales, a la vez de una gran cercanía y de una no menos gran distancia. Por un lado, es necesario comprender, desde nuestro punto de vista, el mapa del debate en torno de la noción de estructura en el escenario francés de los años 1950, debate en el que se inscribe también Merleau-Ponty de manera original. Nuestra hipótesis es que, en ese debate, Merleau-Ponty representa una posición única y original, que pocas a veces ha sido puesta de relieve y que permitiría, tal vez, salir de una serie de impasses en la comprensión de los fenómenos que ocupan el centro de interés de las ciencias sociales.

3Por otro lado, nos gustaría poner de relieve cómo tal noción de estructura se conforma, dentro de pensamiento y de la obra de Merleau-Ponty, a través de diversos desplazamientos de sentido, que van de la noción psicológica de Gestalt hasta su versión ontológica, pasando por una cierta lectura inten­cional, por su visión de la lingüística saussuriana y concluyen con una noción completamente singular de estructura y con una lectura también singular del estructuralismo saussuriano.

1 | Estructura légethai pollachôs

4Como sabemos, en el año 1958 aparece la compilación de artículos y ensayos de Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, que coronaría al ya consagrado autor como uno de los más relevantes dentro del campo intelectual francés y al estructuralismo como el método más consistente dentro de las ciencias del hombre. Es también el año de la aceptación de su candidatura a la cátedra de Antropología Social en el Collège de France bajo la recomendación de Maurice Merleau-Ponty, y también el año en el que se realiza en la Ecole d’hautes études en Sciences Sociales, en París, el “Colloque sur le mot structure”. Al mismo tiempo que se imponía la hegemonía estructuralista, un debate perdido de antemano buscaba rescatar otros sentidos que los levi-straussianas para este término de por sí largamente polisémico.

5Polisémico a causa de las diversas disciplinas que lo reivindican tanto como de las tradiciones de las que éstas provienen. Leemos así, en el informe del coloquio redactado por Roger Bastide, la polarización del sentido del término en: “dos tendencias [que] se enfrentan actualmente: una que da al estructuralismo un contenido cada vez más concreto y que proviene del organicismo de Spencer, quien fuera el primero sin duda en haber empleado el término «estructura» en sociología, imitando a la biología; la otra tendencia, más abstracta, introduce el espíritu de las matemáticas en las ciencias del hombre” (Bastide 1959, 352). Sin entrar en grandes detalles, el reseñador destaca: “indiquemos solamente que dos cuestiones fueron particularmente debatidas: las relaciones de la estructura con la temporalidad, y sus relaciones con la noción de “objeto”. La relación de tiempo – que parece ausente en los logicistas, para quienes hay “estructura” cuando el pensamiento se destem­poraliza– es central dentro de las preocupaciones de los economistas (con las estructuras dinámicas), de los historiadores (con las estructuras temporales), de ciertos sociólogos (como los marxistas o como M. Gurvitch, que nos muestran estructuras siempre inestables, en perpetuo proceso de estructuración o desestructuración).” (Ibid., 352)

6El coloquio pone de relieve entonces dos tendencias, una más concreta, otra más abstracta. Una que privilegia la dimensión temporal de la estructura, otra que la destemporaliza. Una que piensa su relación con el tiempo, otra con el objeto. En esta descripción extremadamente general, podemos reconocer, por un lado, la posición de Lévi-Strauss. Por otro, como el mismo Bastide lo señala, la representada por G. Gurvitch.2 Y, entre uno y otro, la posición de Merleau-Ponty quien, mientras afirma, según Bastide, estar “de acuerdo en todo punto con Gurvitch” sobre el uso del término en sociología, se distancia, con mucha delicadeza, de la posición de Lévi-Strauss en etnología: “[La estructura] es un «supra-objeto», una «potencia» del objeto, dice M. Lévi-Strauss, quien quiere decir seguramente algo mejor que objeto, el corpúsculo resistente, la organización probable escondida. En conclusión, la estructura así definida es flexible, no sincrónica, sino dialéctica; debemos pues reformar nuestra ontología, separarla de nuestra vieja adhesión al objeto” (Merleau-Ponty, 2000, 319).

7Dejemos de lado los matices que deberíamos introducir al armonioso “acuerdo en todo punto con Gurvitch”3 para preguntarnos, en cambio, sobre las diferencias en apariencia sólo terminológicas que parecen surgir entre la noción de estructura para Merleau-Ponty y para Lévi-Strauss. Relación al tiempo, al objeto, organización, sincronía, dialéctica, ¿cuál, de manera precisa, es el sentido de las diferencias que organizan este debate?

2 | El campo de oposiciones

8El método estructural como modo de abordaje de las ciencias del hombre y la noción de estructura propuestos por Lévi-Strauss a partir de los años 1940 son sin duda el resultado de una síntesis original de tradiciones y perspectivas diversas que el propio Lévi-Strauss siempre se encargó de subrayar. No podríamos dar cuenta aquí de toda esta complejidad, que va de la tradición sociológica francesa a la tradición propiamente antropológica francesa y anglosajona, reconstruida aquí y allá a partir de intuiciones fragmentarias pero fundamentales, pasando por la lingüística contemporánea, deudora de la genial sistematización saussuriana del lenguaje tanto como del formalismo ruso y de la lingüística fonológica del Círculo de Praga. Junto con estas líneas fundamentales, pueden superponerse otras corrientes de enorme influencia en el pensamiento lévi-straussiano: el marxismo y el psicoanálisis, claro, pero también la teoría de sistemas y la cibernética naciente, la botánica de un D’Arcy Thompson o la literatura de un Goethe con sus nociones de transformación, entre otras.

9Nos interesa señalar aquí simplemente algunos elementos que nos per­miten comprender las diferencias fundamentales que la noción de estructura, así conformada, va a presentar respecto de la propuesta por Merleau-Ponty.

10Lévi-Strauss encuentra, a comienzos de los años 1940, al lingüista ruso Roman Jakobson, de quien se convertirá en amigo e interlocutor intelectual. Su primer abordaje profundo de la lingüística se produjo entonces a través de esta figura remarcable y singular que fue Jakobson. Miembro activo del movimiento lingüístico y de crítica literaria conocido como formalismo ruso, Jakobson funda junto con otros lingüistas el Círculo de Praga, que, a partir de la lingüística saussuriana entre otras influencias,4 promueve la noción de estructura lingüística, y la idea del estructuralismo como método de análisis y conocimiento. Tal como lo dejan ver las Tesis de 1929, una característica fundamental de esta lectura de la lingüística estructural es, por un lado, la reincorporación de la dimensión diacrónica al análisis estructural, dimensión que Saussure había dejado de lado en beneficio de la perspectiva sincrónica. Junto con la diacronía, la dimensión del habla es incorporada al análisis, y junto con ella los análisis estructurales en fonología, entre ellos los jakobsianos. Otra característica importante es el fuerte hincapié en el carácter dia­crítico de los sistemas estructurales, esto es, su carácter opositivo y diferencial. Finalmente, resalta de la perspectiva del Circulo de Praga la idea de que este tipo análisis podría aplicarse a toda clase de sistema de signos.5

11 A este encuentro se suman también los aportes de las teorías de sistemas muy en boga en la época, sobre todo en el ámbito norteamericano donde Lévi-Strauss y Jakobson trabajan en los años 40, y especialmente la cibernética llamada de primera generación, preocupada por el desarrollo de una teoría de sistemas de comunicación puramente formal, con el foco puesto en las relaciones y flujos existentes dentro de un sistema (cf. Cadenas 2012). Sistema y comunicación, lenguaje y código son algunos de los temas que empujan el optimismo de estos intelectuales, soñadores de una ciencia global de la comunicación de la que sus propias disciplinas serían variantes específicas.

12Esta es una de las grandes enseñanzas que Lévi-Strauss tomará de Marcel Mauss: si el campo de la antropología podía abarcar, como bien lo había mostrado Mauss, la totalidad de lo humano, desde las técnicas corporales hasta las instituciones políticas, pasando por la expresión de sentimientos o los fenómenos religiosos, es porque todos ellos eran ante todo fenómenos significativos, portadores de un sentido susceptible de ser comunicado. El método estructural, como método capaz de tratar con cualquier sistema de signos, era pues el indicado para abordar, de manera general, el estudio del hombre y sus prácticas.

13La noción lévi-straussiana de estructura se construye entonces a partir de la búsqueda de un concepto unificador para todas las ciencias que se ocupan de signos, de su transmisión y su comunicación. Lo hace a partir de la idea de estructura como modelo mental y no como realidad empírica. Esta estructura debe ser pensada como un sistema, como un todo anterior a sus partes, conformado como conjunto de reglas que median las transformaciones entre signos dentro de sistemas conscientes o inconscientes. Que sea un sistema quiere decir que la modificación de alguno de sus elementos entraña una modificación en los demás y que para cada juego de transformaciones existen reglas que las hacen posibles6 (Lévi-Strauss 1958, 303 y ss). El lenguaje, el parentesco y los mitos son algunas de sus manifestaciones más importantes.

14Frente a esta posición, Merleau-Ponty-Ponty reprocha en diversos momentos a la noción de estructura de Lévi-Strauss su ausencia de perspectiva histórica y, desde ese punto de vista, cierta “dialecticidad” de la estructura. Pero le reprocha también la falta de una relación vivida y en cierto modo “sabida” entre los sujetos y las estructuras que los gobiernan, así como el carácter de objeto que adquieren las mismas (es decir, su inscripción en lo que Merleau-Ponty llamará una ontología del objeto). Ya en 1956 le señalaba, respecto de las relaciones entre el mito y el ritual, lo siguiente:

“Usted decía que una sociedad o grupo humano titular de un cierto mito se lo debe tal vez a la existencia de un rito en otra sociedad, otra sociedad que la primera conoce, dice usted. Hace alusión con esto (sin poner en la palabra una resonancia política), a una relación vivida. Me parece que pone el acento en un aspecto de las cosas que estaba en segundo plano en otras exposiciones suyas. […] Los hombres que viven en una sociedad, decía usted, pueden obedecer a las leyes de esta sociedad como los átomos obedecen a las leyes de la física sin conocerlas. ¿Admite usted hoy que es necesario, no ciertamente que se conozcan bajo la forma en que la sociología las expresa, pero que tengan un equivalente vivido en los sistemas simbólicos de esta Sociedad, los cuales, por tanto, no existen de forma absoluta «a sus espaldas»? […] Hoy tiene cuidado de decir: «El formalismo no excluye la dialéctica, al contrario, la introduce». Por mi parte, estoy muy satisfecho con esta fórmula, en la medida en que me intereso tan intensamente como el doctor Lacan en vuestra obra, pero deseando que la confianza que pone en el instrumento matemático no lo desvíe del problema de la historia.” (Merleau-Ponty 2000, 172-173, traducción nuestra)

15Tal como Merleau-Ponty lo señala en su artículo “De Mauss à Claude Lév-Strauss”, el problema que da lugar a la sociología de Durkheim perma­nece en cierta medida el mismo al que deberá enfrentarse la antropo­logía levi-straussiana. Si Durkheim buscaba el hecho social todavía en el ámbito de una conciencia colectiva, y Mauss lo hallaba en la práctica concreta y total de la vida social y, por esta vía, en el universo de lo simbólico, sólo será Levi-Strauss quien, según nuestro filósofo, de un paso más allá y postule que la sociedad es ella misma un intercambio, y que los hechos sociales no son cosas ni ideas sino «estructuras».

16 Sin embargo, Lévi-Strauss quedará atrapado, a los ojos de Merleau-Ponty, en una concepción objetiva de la estructura: «Lévi-Strauss se da un observador absoluto, Kosmotheoros, con el que se identifica, y delante del cual lo social es objeto» (Merleau-Ponty 2003, 120). En un claro pasaje que nos permitimos citar in extenso, afirma el filósofo:

17“Los hechos sociales no son ni cosas, ni ideas, sino estructuras. La palabra {estructura}, hoy tan utilizada, tenía en principio un sentido preciso. Los psicólogos la utilizaban para designar las configuraciones del campo perceptivo, esas totalidades articuladas por ciertas líneas de fuerza, de donde todo fenómeno adquiere su valor local. En lingüística la estructura es también un sistema concreto, encarnado. Cuando decía que el signo lingüístico es diacrítico –que sólo opera por su diferencia, por una cierta distancia entre él y los otros signos, y no evocando, en primer lugar, una significación positiva– Saussure hacía visible la unidad de la lengua por debajo de la significación explícita, una sistematización que se hace en ella antes que de que el principio ideal sea conocido. Para la antropología social, la sociedad está hecha de sistemas de esta clase: sistema del parentesco y de la filiación (con las convenientes reglas de matrimonio), sistema de intercambio lingüístico, sistema de intercambio económico, del arte, del mito y del ritual... Ella misma es la totalidad de estos sistemas en interacción. Al decir que se trata en estos casos de estructuras, se las distingue de las «ideas cristalizadas» de la antigua filosofía social. Los sujetos que viven en una sociedad no conocen necesariamente el principio de intercambio que los rige, del mismo modo que el sujeto hablante no necesita hacer, para hablar, un análisis lingüístico de la lengua. Ellos practican más bien la lengua como algo obvio. Si se nos permite decirlo así, ella «los tiene» más que ellos la tienen. Si la comparamos con el lenguaje, que sea con el uso vivo de la palabra, o incluso con su uso poético, donde las palabras parecen existir por sí mismas y convertirse en seres…” (Merleau-Ponty 1960b, 146-147)

18Tan lejos y tan cerca, las posiciones de Merleau-Ponty y de Lévi-Strauss se encuentran en su concepción de los fenómenos sociales como estructuras de interacción del mismo modo que la lengua, tal como la concibiera de Saussure, o el campo perceptivo, como lo pensaran los gestaltistas. No como ideas cristalizadas, no como fenómenos sostenidos en una consciencia colectiva, sino como estructuras. Sin embargo se distancian, mucho más de lo que estas líneas quieren reconocerlo, precisamente en el modo en que se entiende el modo de ser y de conocer estas estructuras. Contra Lévi-Strauss, es necesario pues “tomar literalmente lo que Lévi-Strauss da como metáfora: orientación perceptiva del espacio social» (Ibid., 121). En otras palabras, hay que oponer a la estructura como objeto la estructura como fenómeno percibido. A la estructura inconsciente, otro modo de conocimiento que no se dirima en la oposición de lo consciente y lo inconsciente. A la estructura como lengua, la estructura como habla.

19Esta es, precisamente, la forma en que Merleau-Ponty entiende el término estructura: como fenómeno percibido, y en este sentido enmarcado en el ámbito de la percepción – esto es, en un tipo de saber que no corresponde sólo al campo de la consciencia sino al de la subjetividad corporal en general, el cual no se reduce, como bien lo mostrara Phénoénologie de la percpetion, al saber o al no saber – y que, como el habla, es una entramado de dimensiones genéticas y estáticas, diacrónicas y sincrónicas. En términos merleau-pontianos, de relaciones dialécticas. A partir de un conjunto de tradiciones diferentes de las lévi-straussianas, y cuyo recorrido será necesario realizar para comprender los elementos que orientan la cercanía y la distancia entre ambos pensadores, otro modo de ser estructura se dibuja en los años 50 con Merleau-Ponty, junto con una fenomenología de la Gestalt.

3 | Gestalt: forma y estructura en el itinerario de Merleau-Ponty

20La noción de Gestalt,7 en su doble acepción de “forma” y “estructura” con la que Merleau-Ponty inauguraba la extensa cita precedente, hace su aparición en el pensamiento merleau-pontiano ya en su primera obra, La estructura del comportamiento. Es a partir de ella que el filósofo buscará elaborar una filosofía del comportamiento más allá de las nociones de “consciencia” y “naturaleza” entendidas como dos órdenes esencialmente diferentes y comienzará a considerarlas como formas organizadas de maneras distintas.

21 En este texto, Merleau-Ponty analiza el comportamiento a través de tres órdenes de realidades que se integran en estructuraciones sucesivas, de las más elementales a las más complejas. Los órdenes físico, vital y psíquico constituyen así un universo de formas articuladas en función de diversos tipos de comportamientos. La forma, que no es una realidad física sino la dinámica específica de un sistema o totalidad, no es pues pensada como una cosa sino comoun objeto de percepción. Por esta vía, el orden físico reenvía directamente al orden perceptivo, al de los organismos y, finalmente, al de la consciencia, la forma que reúne todas las demás.

22La definición de Gestalt que allí encontramos, tomada de los análisis de la Gestalttheorie, es la de “procesos totales cuyas propiedades no son la suma de las que poseen las partes de manera aislada.* Más precisamente, como procesos totales que pueden ser indiscernibles unos de otros mientras que sus «partes», comparadas unas con otras, difieren en magnitud absoluta, dicho de otro modo, son todos transponibles.** Se dirá que hay forma allí donde las propiedades de un sistema se modifiquen por todo cambio aportado a una sola de sus partes y se conserven al contrario cuando éstas cambien todas conservando entre sí la misma relación.” (Merleau-Ponty 1942, 49-50)

23Merleau-Ponty reenvía aquí (las llamadas “*” y “**”) a los dos criterios establecidos por Christian von Erhenfels que permiten delimitar las cuali­dades de una Gestalt en su célebre ensayo de 1890, “On Gestalt qualities”. En este artículo, von Erhenfels señala la existencia de ciertos fenómenos, como las melodías, en los que el dato sensorial no se corresponde con un estímulo específico sino con un tipo de fenómeno sensorial –las totalidades estructuradas o formas– en las que el dato no encuentra una correspondencia en un excitante objetivo. No se confunde ni con los datos ni con la totalidad de sus relaciones, incluso si se funda en ellos. La cualidad de forma surge pues cuando aprehendemos la estructura o la forma de un conjunto como un dato por sí mismo.

24Pero si para von Erhenfels la Gestalt es concebida como un fenómeno de segundo grado, como una “cualidad” emergente de un complejo de sensaciones provenientes de elementos individuales, sus alumnos de la escuela de Berlín irán más lejos y extenderán los dos criterios a la Gestalt como fenómeno total de percepción, es decir, como un fenómeno primero, un todo a partir del cual las partes tomarán sentido y no como el derivado de un complejo de datos atómicos.

25De este modo, al romper con la idea de una relación causal entre un estímulo externo y una sensación interna como fundamento de lo percibido, la Gestaltpsychologie abre el estudio del campo perceptivo. En efecto, la noción de Gestalt rompe con la idea de “cosa real” y de “en sí” para pensar lo percibido en términos de “fenómenos totales percibidos” o, en su propia terminología, como “objeto de percepción”. En la medida en que piensan en términos de totalidades anteriores a sus partes, y en la posibilidad misma de tomarlas como objetos primarios, la noción deGestalt se acerca a la estructura lévi-straussiana y al primer esfuerzo merelau-pontiano por salir de la teoría ingenua del reflejo como respuesta a estímulos reales externos.

26Sin embargo, los gestalistas de comienzo de siglo permanecían todavía dentro del marco de un realismo ingenuo que les impedía pensar estos fenómenos de manera radical. En este sentido fue necesario para Merleau-Ponty abandonar la perspectiva del saber –que era todavía la que guiaba la de La structure du comportement– y pensar la percepción a partir de sí misma. Es decir, a partir de una fenomenología de la percepción.

27En el texto que lleva ese nombre, Merleau-Ponty integra la noción de Gestalt al análisis de la experiencia vivida de la propia corporalidad. Ahora declinada fuertemente en la noción de “forma”, la Gestalt se vincula con el concepto de esquema o imagen corporal, provenientes de la neuropsiquia­tría,8 y con la noción de intencionalidad corporal, derivada del modelo husserliano de la consciencia, centrado fuertemente en los análisis, inéditos en la época, de Ideas II.

28Sin detenernos aquí en cuestiones técnicas, digamos simplemente que el cuerpo vivido, entendido como una forma o esquema estructurante gracias a la dimensión intencional del movimiento corpóreo, comparte con la estructura lévi-straussiana precisamente su carácter estructurador (esa actividad subjetiva que da forma a las estructuras que podemos encontrar en diversos órdenes de la vida común). Se distancia de éste, empero, en pensar tal dimensión como inconsciente. Para Merleau-Ponty la estructuración que produce el cuerpo con su movimiento y su espacialidad, y que organiza el campo perceptivo en juegos de formas (como figuras sobre un fondo) no se encuentra en lo inconsciente como una dimensión constitutiva del aparato psíquico, sino en la corporalidad y en su modalidad primaria de relación al mundo: la percepción. Por otra parte, en el caso de Merleau-Ponty, el sentido del términoGestalt se desliza de su aspect objetivo (es decir, de la designación de un tipo específico de objetividad: un fenómeno total de percepción) a su aspect subjetivo: si la Gestalt es siempre un fenómeno perceptivo y no una “cosa real”, es ante todo porque se trata de un sentido vivido por un sujeto, el sujeto de la percepción, el cual se encuentra de este modo esencialmente implicado en la noción de Gestalt como punto cero de toda perspectiva y de todo campo.

29El marco general de la intencionalidad, en el que el esquema corporal se inscribe, permanece así subordinado al sujeto del movimiento o sujeto de la percepción, esto es, al cuerpo vivido. Entendido de esta forma, el cuerpo vivido planteará toda una serie de problemas, entre los cuales uno de los más importantes será cómo entender la subjetividad que sostiene esta experiencia.9

30Estos problemas serán retomados, de manera explícita, en los cursos en el Collège de France durante la década del 50, en los que Merleau-Ponty parece ser muy consciente de los límites que planteaban los análisis de Phénoménologie de la perception.10

31En efecto, desde el comienzo de los años 1950, Merleau-Ponty parece distanciarse de su antigua concepción del cuerpo vivido como sujeto de percepción. Se plantea un retorno al sentido filosófico de la Gestalt que se vuelve asi el modelo para comprender el modo de ser de lo percibido.

32En este sentido Merleau-Ponty estudiará en profundidad durante esos años la noción de campo fenomenal y de movimiento fenomenal, a partir de los análisis de la psicología gestlatica del movimiento,11 que le permitirán pensar formas de auto-organización del fenómeno perceptivo que incluyan al sujeto como un momento de este orden pero no como su fundamento.

33En esos años se producirá también, y sobre todo, el encuentro con la no­ción saussuriana de estructura, lo que conducirá a un nuevo desplaza­miento de sentidos.

34Como hemos visto, la afinidad conceptual entre la noción de Gestalt y la de estructura no tiene nada de sorprendente: ambas nociones siempre fueron solidarias en el pensamiento de Merleau-Ponty. Lo nuevo, en cambio, es el estallido, en los años 50, del modelo estructuralista en ciencias humanas, y de la lingüística saussuriana como su fuente teórica reivindicada. Merleau-Ponty, siempre en diálogo con las ciencias de su época, incorpora a su reflexión los elementos que considera necesarios de la lingüística saussuriana y le consagra la mitad del curso 1953-1954 llamado “El problema del habla”12 (Merleau-Ponty 1953-1954). Se trata allí del habla desde una perspectiva sincrónica y diacrónica a la vez, desde el punto de vista de su génesis y de su estructura. Recordemos que el tema del curso es, como el del año anterior, el desarrollo del problema de la expresión, y que el habla juega en su interior el rol, ni más ni menos, de salida o transito desde el mundo del silencio al de la palabra. A la cuestión del habla le seguirá el del estilo literario, y concluirá con un análisis de la expresión pictórica.

35Abramos un pequeño paréntesis en nuestra exposición para señalar que este curso, todavía inédito, continua a la espera de un análisis profundo, tanto en el marco de los estudios merleau-pontianos y de los análisis fenomenológicos como en el de los desarrollos de la lingüística pos-saussuriana. En efecto, encontramos allí un ensayo por desarrollar, desde una perspectiva fenomenológica, lo que Saussure había dejado pendiente y que Jakobson retomará a su manera: un lingüística del habla.

36Por otra parte, este curso de 1952-1953 ocupa una posición central en la recepción del pensamiento de Saussure en Francia y constituye, en este sentido, una pieza clave en el trabajo de reconstitución de los historiadores13 ya que, incluso si este seminario permaneció desconocido del gran público, los textos publicados en la misma época y nutridos de sus desarrollos (« Eloge de la philosophie » o incluso « Sur la phénoménologie du langage », ambos reunidos en Éloge de la philosophie. Et autres essais) sirvieron, en cambio, como modelos para ciertos desarrollos de la lingüística pos-saussuriana como, por ejemplo, los de Greimas (1987).

37Cerremos nuestro paréntesis y retomemos nuestro recorrido. La solidaridad de las nociones de forma y estructura, decíamos, no data de esta época, así como tampoco lo hace el encuentro con el pensamiento de Saussure. Pero es en este momento que resulta posible distinguir con claridad los dos aportes más importantes del estructuralismo saussuriano a la filosofía de Merleau-Ponty: por un lado, un marco teórico satisfactorio para pensar la génesis del habla, estructuralista pero no jakobsiano. Por otro, la idea de una organización diacrítica de la lengua como modelo para pensar la organización del campo perceptivo.

38Respecto del primer aspecto, vemos que Merleau-Ponty opone en el citado curso, a modo de ejemplo, los análisis de Jakobson a los estudios de Goldstein sobre la génesis de los sonidos en el niño, poniendo en valor la perspectiva “gestalista” del último frente a “la estructuralista” del primero. Mientras que los segundos aparecen ligados a una concepción objetivista del sentido, los segundos responden a una idea de génesis ligada a las posibi­lidades del cuerpo como espacio de expresión. Leemos así en una nota de trabajo:

39“Jackobson, al final de su estudios, intenta mostrar que el orden sis­temá­tico, invariable, de adquisiciones de fonemas universales –o el orden invariable de adquisición de los fonemas particulares en una lengua– debían tomarse como leyes objetivas de dependencia, de Fundierung, exactamente como ‘sin calor no hay dilatación’: relación de Fundierung explica que tal fonema sería imposible en sí sin tal otro fonema.|Goldstein contra este objetivismo: no hay sonidos más simples o más complejos en sí, más ‘fáciles’ o más ‘difíciles’, por tanto no hay orden objetivo a guardar como ley de la naturaleza: hay sonidos más o menos fáciles para el organismo,i.e. según el grado y la estructura de una relación anterior al mundo, i.e. según los sentidos realicen o no estructura fina, diferenciada, perteneciendo a un campo con figuras y fondos ricamente articulados. Los mismos sonidos son fáciles sin esta organización (balbuceo) y difíciles con ella (lenguaje). Y esta estructu­ración es relación al mundo, ninguna en el balbuceo, ya realizada en el primer lenguaje.” (Merleau-Ponty 1953-1954, 81)

40Ahora bien, para Merleau-Ponty, esta oposición entre gestalistas y estruc­turalistas se inscribiría más bien en una cierta interpretación de, y no tanto, en el propio, Saussure. En efecto, la discrepancia del filósofo es con Jakobson, no con el lingüista suizo. El objetivismo del sentido del que se distancia Merleau-Ponty, la idea de un orden o sistema objetivo e invariable en la adquisición de los fonemas pertenece, a los ojos del filósofo, al estructura­lismo de Jakobson. Las posiciones de Saussure y de Goldstein se encuentran, en cambio, en una misma orientación a partir de la idea saussuriana de “diacriticidad” de los valores como razón de la auto-organización de un sistema o campo expresivo: “Saussure (diacrítico) y Goldstein desembocan en la idea profunda de la patología nerviosa: la enfermedad es desdiferenciación. Por tanto no sustracción — Correlativamente [el] lenguaje no es adición. Función superior no es piso superior. Sino continuación en desarrollo. Por tanto sin finalismo” (Merleau-Ponty 1953-1954, 84v; cf. 82)

41El problema de la génesis de la palabra, que interesa al filósofo al menos desde Phénoménologie de la perception será desde ahora pensado con la ayuda del modelo estructural saussuriano integrado al pensamiento de la Gestalt.

42Por otra parte, la idea de diacriticidad permitirá plantear una forma de pensar los problemas de la organización y de la síntesis del campo perceptivo diferente a las ligadas a la síntesis estrictamente subjetiva, como era el caso de Phénoménologie de la perception.

43Así, mientras que se interroga sobre cómo comprender la lógica perceptiva de los movimientos aparentes descriptos por los gestalistas, Merleau-Ponty traduce a la vez los elementos que componen el campo perceptivo en “signos” y el campo mismo en sistema de diferencias. Según afirma en la siguiente nota del curso del año 1952-1953 “Le monde sensible et le monde de l’expression”:

44“Signos si se quiere, pero en el sentido que Saussure y la fonología dan a los signos: realizaciones diversas de una sola pregnancia de variación, que tienen menos existencia separada que existencia opositiva y dia­crítica –y por consecuencia menos significaciones que diferencias entre sigificaciones– y que para seguir son menos coordinadas a signifi­caciones que articuladas a partir de una totalidad, de modo que la significación es totalmente inmanente a la cadena verbal (como su estructura) y totalmente trascendente [a ésta] (como un más allá de los signos uno a uno) […] Los campos sensoriales son esto: sistemas diacríticos con valores de empleo, sistemas de equivalencias y de sub­stitución características, que no reposan más sobre una lógica explícita que el uso de la lengua sobre un conocimiento científico de la lengua.” (Merleau-Ponty 2013, 85-86)14

45Tal es el nuevo desplazamiento de la noción de Gestalt: el campo perceptivo se vuelve sistema de equivalencias. La introducción de la estructura diacrítica del “campo” de la lengua permite a Merleau-Ponty pensar una génesis del sentido que no sea el producto de una síntesis subjetiva sin caer sin embargo en un objetivismo o logicismo del sentido, que parece representado por la perspectiva de Jakobson.

46Al mismo tiempo, la “estructura” será “forma” en la medida en que la Gestalt es pensada de manera eminente como modelo de la comprensión del movimiento. La estructura, en el sentido saussuriano del término, se vuelve así una “estructuración” dinámica, susceptible de dar cuenta de toda lógica del sentido, corporal o lingüístico. Los dos términos, Gestalt y estructura, se unen nuevamente a partir de esta conjunción de término “sentido” que resume perfectamente el citado artículo de 1959: “La palabra estructura, hoy demasiado utilizada, tenía en principio un sentido preciso. Servía a los psicólogos para designar las configuraciones del campo perceptivo, esas totalidades articuladas por ciertas líneas de fuerza, y de las que todo fenómeno toma su valor local. En lingüística también la estructura es un sistema concreto, encarnado. Cuando se decía que el signo lingüístico es diacrítico –que opera por diferencia, por una cierta distancia entre él y los otros signos, y no evocando en primer lugar una significación positiva– Saussure hacía sensible la unidad de la lengua por debajo de la significación explícita, una sistematización que se hace en ella antes que el principio ideal en sí sea conocido.”

47Lejos de considerar la estructura como una forma subjetiva invariante e inconsciente que organiza nuestra experiencia, a la manera en que la entendía el estructuralismo de Lévi-Strauss, Merleau-Ponty propone pensar la estruc­tura como un modo de organización de un campo significativo, que necesa­riamente reenvía a un sujeto corporal como responsable de ese campo, pero no como su único fundamento constituyente. El sentido que surge de los contrastes y oposiciones dentro del campo significativo no es, por otra parte, para el filósofo, separable de su génesis, esto es, de su encarnación en un cuerpo, un lugar, un momento, una situación, de la conformación de la diferenciación misma. Y esta dimensión diacrónica, este pasaje del sin-sentido al sentido, del sentido mudo al sentido expresado en significantes, debe poder ser pensado por la filosofía y no confinado al campo de la psicología o de la historia.

4 | Algunas conclusiones

48Como lo anunciáramos al comienzo de este texto, queríamos poner de relieve aquí dos aspectos diversos y solidarios de la noción de estructura en el pensamiento merleau-pontiano: por un lado, el debate en el que se inscribe y en el que cobra sentido, a mediados de los años 50, debate en el que el interlocutor principal es el estructuralismo lévi-straussiano; y por otro, la génesis conceptual que da lugar a dicha noción, génesis que nos permite comprender la distancia efectiva entre ambas posiciones filosóficas –en gran medida iluminada por las tradiciones diversas que las moldean–, muchas veces atenuada bajo la afectuosa cercanía con la que Merleau-Ponty presenta la perspectiva lévi-straussiana. Esta distancia es la que puede resumirse en una concepción perspectivista de la estructura, como la representada por Merleau-Ponty, enmarcada en una concepción de estructura solidaria con la de forma y que se engloba en la noción de Gestalt; y una objetivista, como la represen­tada por Lévi-Strauss, centrada en la noción de sistema y en la mirada desen­carnada del astrónomo.

49Esta distancia, que las generaciones inmediatamente sucesivas simplemente dieron por supuesta y sobre la que nunca se interrogaron verdaderamente, se nos presenta hoy sin embargo como el índice de posibles soluciones a los impasses a los que condujo la noción lévi-straussiana de estructura. Pues, si casi 60 años después del debate acerca del sentido del término estructura la querella del estructuralismo parece olvidada, sus problemas más relevantes siguen vigentes. Por esta misma razón, el debate sobre el sentido del término, perdido de antemano frente al estructuralismo naciente, pueda tal vez encontrar hoy nuevos espacios de interlocución en los que aquellos elementos del debate, entonces desechados, encuentren, ahora sí, un lugar de productividad.

50En este contexto, los desarrollos merleau-pontianos ligados a la noción de Gestalt, de intencionalidad motriz, de imagen y esquema corporal, entre otros, nos parecen fundamentales. Pensemos, sólo a modo de ejemplo y para concluir, en la renovación propuesta dentro del campo de la antropología, de los conceptos disciplinares fundamentales a partir de los que se ha producido el llamado “giro ontológico” de la antropología.

51Pensemos en la propuesta de su mayor representante dentro del ámbito francés, Philippe Descola, sucesor de Lévi-Strauss en el Collège de France y del espíritu fundamental de la antropología lévi-straussiana, quien renueva la tradición estructuralista francesa, reivindicando el método como dispositivo que permite detectar y organizar regularidades y transforma­ciones, variables e invariantes al interior de una clase de fenómenos, al mismo tiempo que busca dejar de lado algunos de los problemas centrales del término estructura. Entre ellos, fundamentalmente, el problema abierto pero no desarrollado por Lévi-Strauss de “las mediaciones cognitivas y prácticas que permitirían pasar de una combinatoria psíquica muy depurada a la notable diversidad de usos establecidos” (Descola 2012, 155). Pues bien, el pro­blema de las mediaciones cognitivas y prácticas entre la estructura y sus mani­festaciones concretas es en cierta medida el mismo que señalaba Merleau-Ponty cuando preguntaba a Lévi-Strauss, en 1955, si no sería necesario indagar la relación vivida que los hombres de una sociedad mantienen con las leyes que lo gobiernan. Y que indicaba la necesidad de reconocer “un equivalente vivido en los sistemas simbólicos de esta Sociedad, los cuales, por tanto, no existen de forma absoluta «a sus espaldas»”. Es precisamente en este mismo sentido que Descola busca complementar la noción lévi-straussiana de estructura con una cierta perspectiva genética, en el sentido que la fenomenología, y más particularmente la fenomenología merleau-pontiana, da a esta término. Y es en esta perspectiva que propone el concepto de esquemas de la práctica. Solo por mencionar algunos aspectos de este diálogo no sólo posible sino necesario, podemos señalar que la noción de esquema corpóreo a la que nos hemos referido (y que Merleau-Ponty desarrolla en Phénoménologie de la perception en el marco de una crítica y correlativa puesta entre paréntesis de los prejuicios de la ciencia sobre el cuerpo vivido) resultaría fundamental para enriquecer una propuesta interesantísima como la planteada por Descola con la noción de esquema de la práctica, pero demasiado librada tal vez a cierto naturalismo científico como el de las ciencias cognitivas sobre las que se apoya.

52Diálogo posible y necesario, decimos, entre una fenomenología genética de matriz merleau-pontiana y los desarrollos actuales de la antropología estructural que renueve, más de medio siglo después, una colaboración tan cercana.

Footnotes

  • 1 Agradezco a Paula Martins de Souza por la afectuosa lectura y pertinentes sugerencias.
  • 2 Sobre el debate entre Gurvitch y Lévi-Strauss en torno del término estructura en sociología, cf. Lévi-Strauss 1958, Apéndice al capítulo 15, y Gurvitch, 1955.
  • 3 No nos es posible, por razones de espacio, detenernos aquí en las características principales de la tradición socio-jurídica francesa, representada en una de sus líneas por el pensamiento de G. Gurvitch, que se opone aquí a la socio-antropológica de Lévi-Strauss, ni señalar las diferencias que la línea de Gurvitch presenta respecto de la posición del propio Merleau-Ponty. Reenviamos al lector, para un acercamiento a esta cuestión, a Larison, M. (2017).
  • 4 Entre las otras influencias puede señalarse, por ejemplo, la idea de sistema de los llamados “euroasiáticos”. En efecto, junto con Troubetzkoy y Savickij, Jakobson se inscribe en el movimiento euroasiático, según el cual Rusia no pertenece ni a Europa ni a Asia sino que, por su cultura propia y su unidad geopolítica natural, constituyen una unidad orgánica a la que denominan Eurasia. Pues bien, según autores como Patrick Seriot (1999), los argumentos que llevan a concebir este tipo de unidad se encuentran a la base de la idea de sistema y, por tanto, de estructura, que desarrollarán los formalistas rusos..
  • 5 La extrapolación de los principios de la fonología estructural a otras clases de sistemas de signos puede observarse en textos como “Le langage commun des linguistiques et des anthropologues” (Jakobson, [1952] 1963), originalmente proferido en la “Conférence des Anthropologues et Linguistes”. En esta comuni­cación, Jakobson defiende la imbricación entre lenguaje y cultura y la necesidad de ponerla en relación con otros sistemas de signos (“el sistema de gestos, por ejemplo”, 27). Su punto de partida es aquí la obra de Charles Sanders Peirce, quien habría “esbozado las grandes líneas” de la semiología, ciencia postulada por Saussure para englobar el estudio general de la significación con independencia del sistema que la vehicule.
  • 6 De todas las reglas, la más importante es la que releva de la transformación de valores (signos) dentro de una disposición interna del sistema, en la que la distri­bución de los valores tiende a formar oposiciones. Por tanto la noción de sistema tiene que ver con la propiedad de establecer relaciones y recombinar elementos. La fuente de este ordenamiento es mental e inconsciente, y su representación empírica se encuentra en diversos fenómenos.
  • 7 Para un análisis en profundidad de la concepción merleau-pontiana de la Gestalt cf. “Les aventures de la Gestalt” (Larison 2016, 204-222), del que retomamos aquí los lineamientos generales.
  • 8 Más precisamente, de H. Head y P. Schilder, de quienes toma respectivamente las nociones de esquema y de imagen corporal, las que por otra parte utiliza de manera indistinta a través del término esquema corporal. Sobre el uso merleau-pontiano de estas nociones, cf. Larison 2016, parte III, cap. 2.
  • 9 Sobre los problemas que plantea esta resolución cf. Larison (2010).
  • 10 Según escribe en otra nota de curso: “Habíamos intentado un análisis del mundo percibido que permitiera poner de relieve su originalidad por oposición al uni­verso de la ciencia o del pensamiento objetivo. Pero este análisis permanecía todavía sub­ordinado a conceptos clásicos como: percepción (en el sentido de percepción de un objeto aislado, determinado, considerado como forma canónica de nuestras relaciones con el mundo = consciencia [...]” (Merleau-Ponty 2013, 17, Traducción nuestra).
  • 11 Como por ejemplo los estudios de Wertheimer sobre el movimiento estrobo­scópico. Cf. Wertheimer, 1925.
  • 12 Agradecemos aStéphane Kristensen la transcripción del curso “Le problème de la parole”. La traducción de los pasajes citados es nuestra.
  • 13 Pensamos aquí en particular en las palabras afirmadas, a mediados de 1980, por el historiador de la lingüística Christian Puech: “El rol de Merleau-Ponty en la difusión del saussurianismo fuera de los círculos de especialistas nos parece, desde ese punto de vista, determinante. Si la referencia a Saussure, en los años ’40, se volvió un lugar común de la «modernidad», es porque la difusión del saussuria­nismo había desbordado ampliamente el círculo de la lingüística (apenas) institu­cionalizada. Parece en efecto que fue en los seminarios del Collège de France, en ciertos cursos en la Sorbona, que la modernidad estructuralista tomó cuerpo” (1985, 27).
  • 14 “La idea de Saussure: no acercar a cada signo una significación, sino diferenciar simultáneamente los signos y las significaciones, no siendo cada una más que distancia, lo que los otros no son: el campo del lenguaje tiene la misma estructura que el campo de experiencia, comporta él también Gegensinn, no es más que una reiteración, en una potencia mayor, de procesos de articulación: resuelve las ambi­güedades de la experiencia percibida, pero abriendo un nuevo campo donde se encuentran otras ambigüedades. Esto le da amplitud a la observación de Goldstein sobre el Gegensinn, vuelve a colocar la capa lingüística analizada por Saussure en otras capas, prelingüisticas, y luego reintegra la lengua en el ser ene le mundo” (Merleau-Ponty 1953-1954, 25r-25v).

References

Mélanges linguistiques dédiés au Premier Congrès des Philologues Slaves

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(ed)

Praha, Jednota Československých Matematiků a Fysiků

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Algirdas Greimas

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1942

Maurice Merleau-Ponty

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Maurice Merleau-Ponty

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Drei Abhandlungen zur Gestalttheorie

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Max Wertheimer

Erlangen, Philosophische Akademie

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